Mi pasión por el mundo del running empezó en 2003, y desde entonces no he podido parar de entrenar y competir en carreras populares.

Por otro lado, tengo el yo neurocientífico.

Poder combinar ambas disciplinas en el día a día me ha permitido aplicar y poner en práctica el conocimiento adquirido como neurocientífico en el mundo del running y viceversa.

Como se ha descrito en numerosos artículos científicos, multitud de efectos beneficiosos están asociados con la práctica diaria del running: disminución de la presión sanguínea, disminución del colesterol LDL (colesterol ‘malo’), etc. Pero uno de los aspectos que considero más interesante es el poder que tiene el running sobre nuestra mente y estado de ánimo… ¡qué bien sienta correr después de un estresante día de trabajo!

Por otro lado, la práctica habitual de ejercicio físico desde jóvenes nos permitiría estar más protegidos frente al deterioro cognitivo que se produce en edades más avanzadas, lo que se conoce como reserva cognitiva asociada al ejercicio físico. Y no sólo eso, en personas adultas y de edad avanzada, el ejercicio físico mejora el deterioro cognitivo asociado no sólo a la edad sino también a enfermedades neurodegenerativas como la enfermedad de Alzheimer.

Pero, ¿cuáles serían los mecanismos relacionados con los efectos beneficiosos del running/ejercicio físico?

Por un lado, el running es capaz de modular los niveles de neurotransmisores a nivel cerebral, y con ello el estado de ánimo. Por ejemplo, se sabe que el ejercicio físico es capaz de modular a nivel cerebral los niveles de serotonina, hecho que está relacionado con los efectos antidepresivos del running.

Aparte de modificar nuestro estado de ánimo, el running es capaz de inducir mecanismos de neuroprotección frente al envejecimiento cerebral asociado a la edad. Uno de ellos es la estimulación de la neurogénesis (producción de nuevas neuronas) en el hipocampo, una de las principales áreas implicada en los procesos de aprendizaje y memoria, la cual además resulta afectada en enfermos de Alzheimer. Con la edad se van perdiendo neuronas a nivel cerebral, que inicialmente se creía que no éramos capaces de reemplazar. Pero realmente no es así, ya que diferentes estudios en roedores han demostrado que el running es capaz de generar nuevas neuronas en el hipocampo, y por lo tanto, contribuir al correcto funcionamiento de esta área cerebral. Aparte de la neurogénesis, el running es capaz de modular a nivel cerebral los niveles de determinados factores neurotròficos (el factor BDNF principalmente), además de diferentes compuestos relacionados con el proceso de angiogénesis (o creación de nuevos vasos sanguíneos), todo ello que, en conjunto, contribuye a estimular el proceso de neurogénesis anteriormente descrito.

Podría estar escribiendo páginas y páginas de los numerosos estudios que describen los efectos beneficiosos del ejercicio sobre nuestro cerebro y salud mental, y lo miramos en mis próximos posts. Pero con lo descrito anteriormente creo que no hay escusas para no seguir disfrutando de una buena sesión de running diaria, no sólo para sentirnos mejor después de una intensa jornada en el trabajo sino también para mantener en plena forma nuestro cerebro el día de mañana.

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