Cada vez es más frecuente que por motivos laborales nos toque viajar a países lejanos con diferencias horarias importantes. Hace unas décadas viajar por España o por Europa era lo más habitual. Pero con la globalización cada vez me encuentro con más y nuevos perfiles laborales que pasan muchas semanas cada año en países con diferencias horarias de 6 horas o más. En la mayoría de los casos acostumbran a ser viajes cortos (de una semana o menos), muy intensos (reuniones maratonianas) y exigentes (hay que tomar decisiones importantes). La cuestión es: ¿el movimiento nos puede ayudar a mejorar la calidad de este tipo de viajes? A mí me ayuda, y mucho.

En este tipo de viajes hay tres cosas que me han ayudado y me ayudan a estar activo y sacar el máximo provecho de las actividades y reuniones que realizo. La primera de todas consiste en estar en movimiento durante el trayecto de ida (y vuelta). Lo fácil cuando hacemos conexiones acostumbra a ser estar sentados en un bar trabajando y seguir igual durante el vuelo (combinado con alguna que otra película). En mi caso, lo que hago es andar cuando estoy en el aeropuerto mientras espero embarcar. Ya tendré 9 horas o más dentro del avión. Dentro del avión también acostumbro a levantarme cada una o dos horas (sino estoy durmiendo) y estar 10 o 15 minutos de pie estirando suavemente y moviendo el cuerpo. Esto me permite llegar activo cuando llego a mi destino (normalmente ya de noche en España) y aguantar hasta la hora de dormir.

La segunda consiste en estar activo también una vez en el destino. Ando cuando se puede. Que me toque el aire y el sol me ayuda a adaptarme más rápido al cambio horario. Normalmente se dice que para cada hora de diferencia horaria se necesita un día de adaptación. Pero en viajes cortos esto no se puede aplicar. Andar cuando se pueda en aire libre ayuda a que el cuerpo se adapte más rápido. El sol afecta al nivel de serotonina y a nuestro estado de ánimo. Yo llego incluso a hacer walking meetings (reuniones de paseo) si el tiempo lo permite.

La tercera consiste en realizar actividad física a primera hora del día antes de empezar las reuniones maratonianas. Esto sin duda ayuda a activar el metabolismo, a empezar a tope el día y a estar al cien por cien durante toda la jornada. Para los corredores, esto es especialmente fácil, pues llevamos con nosotros las zapatillas de correr. Sesiones cortas de 30 minutos ayudan a empezar el día con mucha más energía. Incluso, muchas veces, realizo sesiones interválicas (por ejemplo de 400 metros o de 1000 metros). Estas sesiones de intensidad me acostumbran a activar el metabolismo de una forma mucho más radical y duradera. La idea principal es seguir con los planes de entrenamiento durante el viaje (de rodaje y calidad) y adaptarlos al tiempo que se disponga.

Resumiendo, a nivel personal, uno de los secretos para mirar de maximizar el provecho de mis viajes internacionales consiste en seguir activo y presentar más atención al movimiento como terapia del jetlag, cansancio y sueño. Cuanto más activo estoy, menos cansado me siento.

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